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“El libro trató de reproducir su misterio”

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A fines de 2017, la periodista y escritora Liliana Viola publicó Migré (Penguin Random House), la esperadísima biografía sobre uno de los grandes maestros de la televisión argentina: Alberto Migré. La exhaustiva investigación, que recorre la vida y obra del autor de inolvidables telenovelas como Rolando Rivas, taxista, Piel naranja, Pobre diabla o Una voz en el teléfono, resultó un merecido reconocimiento al hombre que forjó la cultura sentimental de las y los argentinos a través de los personajes y de los conflictos que se abordaban en sus ficciones. En Migré, el padre de la telenovela argentina tenía, por fin, un libro que analizara su vasta obra en profundidad y descubriera sus secretos. Un año después, ese libro es imposible de encontrar en las librerías, luego de que la editorial cediera ante el heredero universal de la obra de Migré para retirar todos sus ejemplares del mercado. ¿La razón? El argumento formal es que el libro cita varios pasajes de los libretos de las novelas sin autorización. Sin embargo, lo que subyace es que la decisión no fue otra cosa que un “castigo” debido a que en Migré se da cuenta –tangencialmente– de la homosexualidad del autor.

Abel Resende

Como en las telenovelas que el mismo Migré escribió, también en la vida real el secreto siempre se esfuerza en salir a la luz. Propio de un culebrón –extemporáneo, absurdo, grotesco–, la biografía que más profundamente examinó al creador de las llamadas “novelas rosas” dejó de estar disponible para quienes sufrieron, rieron y lloraron frente al televisor. Si bien el acuerdo judicial firmado por la editorial, la autora y Víctor Agú (heredero de Migr&eacute😉 fue por “violación de propiedad intelectual”, las sospechas sobre que la verdadera razón de la demanda es que Migré hace referencia a la sexualidad del guionista se acrecientan. Sobre todo, después de que Agú –violando el pacto de confidencialidad firmado– publicara en su Facebook: “Querido maestro Alberto Migré: No querías que hablen de tu vida privada. Sin embargo lo hicieron. ¿Qué parte no entendieron esos amarillistas? ¡Cómo atrasa hablar de la sexualidad del otro!”. 

“Más allá del libro, que se seguirá leyendo y distribuyendo gratuitamente entre los lectores, me parece que el ‘caso Migré’ debería servirnos para problematizar la figura de los herederos erigidos en guardianes de una vida”, analiza Viola, autora del libro desaparecido y editora del suplemento Soy, de PáginaI12. “¿Qué posibilidades quedan para construir memorias, para realizar conjeturas, para imaginar e investigar, si admitimos que existen dueños de una verdad? Hemos criticado tanto las historias oficiales de nuestros próceres para ahora admitir la historia oficial de un individuo que no está de acuerdo con lo que otros individuos en la misma biografía dicen sobre alguien que hoy es un personaje”, lamenta la escritora

–¿Cree que este conflicto no hizo más que exponer la sexualidad de Migré, cuando en realidad en el libro es un tema lateral?

–Hablar hoy de “amarillismo” es pretender discutir en términos del siglo pasado, como si la TV de Gran Hermano y la revolución de las redes no nos hubiera dislocado el modo de leer lo mostrable, lo verdadero, lo privado. No quiero decir que crea que ahora todo vale. Quiero decir que no seamos hipócritas. Los que hoy salen a decir que defienden “la vida privada” de Migré como eufemismo de homosexual, están poniendo en primer plano su sexualidad y su vergüenza. Los otros días vi una escena que resume lo más atroz de este mecanismo: Nora Cárpena y Carolina Papaleo se mostraban indignadas y a favor de la prohibición insistiendo con eso de que el libro habla de “lo que no había que decir” mientras el conductor, Luis Ventura, cerraba el bloque comentando que en aquellos años efectivamente había “casting sábana” y que muchos actores pasaron por allí. ¡Yo no puse eso en el libro! De golpe, y gracias a la obscenidad de los defensores, no te asombres de que el Migré que en mi versión es, entre otras cosas, un señor homosexual, se convierta en un acosador con escraches post mortem

–¿Cuáles serían, además, los pasajes de la biografía tildados de “amarillistas”?

–Aun admitiendo discutir en esos términos ridículos de “no se puede hablar de vida privada en una biografía”, tengo que aclarar, a costa de perder muchos curiosos, que el libro no tiene ni una sola escena de alcoba. No lo hice, no porque me parezca mal hacerlo en una biografía, sino porque luego de entrevistar a más de 70 personas, me di cuenta de que en la vida de Migré tanto como en su obra el secreto era mucho más importante que el sexo. El libro trata de reproducir el misterio de Migré. Ahora, de ahí a pasar por alto su homosexualidad como si ese factor no hubiera tenido ninguna relevancia, hay un abismo. Una falta de respeto con el presente desde donde escribo y adonde me esforcé tanto para traerlo

–¿Qué quiere decir cuando dice que trató de “reproducir el misterio”?

–La mayoría de quienes dieron testimonio para el libro, hicieron referencia a la sexualidad, pero siempre ocupándose de no decirlo todo, como si él los estuviera escuchando. Por ejemplo, mencionaban la existencia de un gran amor, un actor con el que tuvo un largo romance y una gran decepción. Nadie quiso darme el nombre, sin embargo cada uno tiraba al pasar alguna pista por el estilo: “trabajó en tal novela”, “se casó en tal año”, “el año pasado estuvo enfermo”… Lo mismo con las referencias a su última pareja. ¡Me volvieron loca! Se podría decir que nadie traicionó por completo al maestro, pero cada uno puso en mis manos una pieza del rompecabezas. Y yo lo armé. Con uno de ellos me entrevisté, el otro no quiso. Al final, decidí no develar esos nombres. ¿Por qué? Entré en el juego que mi biografiado nos impuso. Tener el secreto siempre, ahí, en la punta de la lengua. Estamos hablando de un autor de telenovelas y yo no me olvido de eso

–El heredero, Agú, alega que no contaba con la autorización para publicar diálogos de las distintas telenovelas de Migré. ¿Cómo accedió a su archivo? 

–Su heredero me abrió su archivo y él mismo se encargo de sacar fotocopias de todos los libretos que yo le pedí para mi trabajo

–¿O sea que Agú le facilitó el material que después fue el causal de la demanda por carecer de autorización? ¿La editorial estaba al tanto?

–La editorial en su momento me dio el visto bueno para las citas de las obras que cité. Penguin Random House es una multinacional que se supone tiene un equipo legal responsable. Parece que se equivocaron. Si me hubieran dicho que no podía incluir citas, que además siempre están en contexto para analizar el estilo Migré, no habría hecho el libro. ¿Cómo vamos a hablar de telenovelas que ya no podremos ver, si no podemos releer al menos partes de sus libretos? 

–El heredero manifestó públicamente que le molestó que se hablara de la  sexualidad de Migré. En las reuniones previas, ¿usted le dijo que iba a obviar el asunto?

–En nuestra primera conversación, que tengo grabada, me encomendó que investigara la “lista rosa” donde había figurado Migré, una suerte de “limpieza de gays y lesbianas” que hicieron los militares en los canales de TV en los ‘80 bajo el nuevo mito –luego de agotado el peligro de la subversión– que fue la protección de la familia y la moral sexual. Migré, efectivamente, cayó en esa redada por portación evidente de homosexualidad. Estuvo un año sin trabajo y humillado en silencio. 

–¿Es verdad que la editorial le ofreció reescribir el libro?

–Me resultaría difícil hacer otro libro. Hubiera preferido que la editorial defendiera este. La idea es que piensen, escriban y hablen los demás. La oferta no paliaba la triste situación. Por suerte, no vivimos en tiempo pasado, sino en un presente en que las redes, las tecnologías y las solidaridades permiten burlar a censuras como ésta. El libro circulará y andará gratis por más gente que el que lo iba a leer originalmente