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El margariteño un nato guerrero de la agricultura

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A propósito del Decreto N° 3.824, con fecha del 17 de abril del presente año, mediante el cual se declaran como cultivos y crías de guerra, de un número de rubros vegetales y animales en función de las necesidades de consumo de alimentos; recordé haber leído a Francisco Javier Yánez en su obra Historia de Margarita. En su relato histórico, el autor hace referencia del General Pablo Morillo cuando sitió la Isla. La producción y consumo de alimentos mermó, amenazando el hambre y la miseria a la población. Fue tanto el bloqueo en la Isla que la ración de guerra era un canuto de caña de azúcar y un pedazo de coco seco. Igualmente ilustra a las madres que enviaban al menor de sus hijos a la orilla de la playa para el entresaque de chipichipi. Entonces ante el bloqueo imperial la ración de alimento de guerra del margariteño era canuto de caña de azúcar, pedazo de coco seco y un puñado de chipichipi sancochado.

El agricultor margariteño, es sin duda un guerrero nato en producir agricultura de guerra. Tiene que enfrentarse en primer lugar a las condiciones extremas de altas temperaturas, baja precipitación anual; también el minado de sus cerros en nombre del progreso entre otras condiciones. Aunado a esto, el desafiante combate contra el robo, hurto, abigeato, quema de cultivos, semovientes y enseres que tiene que afrontar el guerrero agricultor margariteño.

El guerrero agricultor margariteño en su majadero afán de producir y criar, va librando batallas; algo así como El Quijote luchando con los monstruos molinos de viento. Otras de las batallas de cuerpo a cuerpo que resiste, son los perros de guerra que se encuentran atrincherados en las instituciones públicas del Estado que en nombre de la revolución se hacen llamar “servidores públicos”, en donde hacen uso de armas mortales como el imperante barbarie del minimalismo, desidia que tanto corroe la institucionalidad del Estado. Hoy vemos con preocupación desde la institución, que ante el robo, bachaqueo de bienes nacionales y la indolencia del funcionario público, dejando desarmado al agricultor ante el hurto de kits de herramientas de siembra, semillas, fertilizantes y otros insumos que eran destinados al guerrero agricultor margariteño como programa de estímulo a la producción agropecuaria; renunciando a ser “servidor público”. En este sentido, por más de 6 años, se encuentra una unidad móvil equipada para la perforación y limpieza de pozos artesianos que durante este tiempo fue desmantelado sin que haya responsabilidad ante este acto criminal; mientras que el guerrero agricultor margariteño se llena de infortunio ante la desidia imperante de los perros de guerra en la institución rectora de la producción agrícola y pecuaria del país.

Cuando no es un director(a) que promueve desde la institucionalidad “parcelas de poder” , es el funcionario que trafica al mejor postor los kits de herramientas, semillas, fertilizantes, repuestos y equipos siendo ignominioso para el verdadero guerrero agricultor margariteño. Otras de las Quijotadas del guerrero agricultor margariteño, es enfrentarse al desgastado discurso en cuanto al tema referido de las plantas de tratamientos de aguas servidas que con una vida útil de 20 años, no solucionó en nada como fuente de irrigación a las tierras cultivables y potenciales. Estas plantas de tratamiento de aguas servidas vierten sus aguas al mar sin ningún aprovechamiento con fines agrícolas; además del material sólido orgánico es subutilizado que bien pudiera ser usado estos productos que generan las plantas de tratamientos de aguas servidas para la producción de cultivos y crías de guerra; así como la conformación de bosques frutícolas con fines comestibles, conservacionista y protección de especies endémicas.

El verdadero guerrero agricultor margariteño va a la batalla a producir la tierra, pero con el corazón lleno de amargura y también de nostalgia, cuando ve los suelos acidificado producto del uso irracional de la actividad antropogénica; habiendo fuente de materia prima para producir enmiendas a base de dolomitas que históricamente fue explotadas y exportada desde Antolín del Campo.

Hoy ante la inminente sociedad emergente de prosumidores de alimentos agrícolas y pecuarios, el guerrero agricultor margariteño es y será un mártir de la producción de alimentos, que de acuerdo al presente Decreto N° 3.824 en su grandiosidad, legitíma al guerrero agricultor margariteño en sus luchas reivindicativas por su abnegado trabajo productivo en donde entrega su dedicación a la labranza y frutos que múltiplos encierran convertidos en miel, leche y pan.