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Pasan 36 años en la cárcel por crimen que no cometieron

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Tres adolescentes fueron detenidos el Día de Acción de Gracias de 1983 por considerarlos los autores de un crimen descarado. Habían baleado y matado a un chico de 14 años mientras caminaba por uno de los pasillos del liceo y se dirigía a almorzar. Querían la campera de la Universidad de Georgetown que llevaba el chico y era de un estilo popular, indicaron las autoridades. El motivo del crimen -escalofriante y mezquino- suscitó indignación en Baltimore, donde un jurado condenó a los adolescentes por homicidio y los envió a la cárcel de por vida.

Treinta y seis años después, los fiscales anunciaron que los procesamientos habían sido un error. Otro adolescente fue el verdadero asesino, admiten ahora los fiscales.

El lunes pasado, tres hombres -ahora cincuentones con canas- salieron de la cárcel, libres después de haber pasado gran parte de su vida adulta detrás de las rejas. Alfred Chestnut, Ransom Watkins y Andrew Stewart parecían aliviados pero también perplejos al salir para relatarle a un enjambre de cámaras de televisión y de sitios web de diarios sus años en prisión, en los que libraron lo que muchas veces pareció una lucha sin esperanza para probar su inocencia por el asesinato de hace muchos años que ellos siempre insisteron en afirmar que no cometieron.

Un sueño. “Siempre soñé con este momento”, comentó Chestnut, quien estaba acompañado de su madre y su novia. “Todos mis amigos en la cárcel saben que siempre hablé de esto y soñé con esto todo el tiempo. Hasta cuando era un chico preguntaba: ¿Por qué me está pasando esto a mí?”.

Como parte de una serie de recientes estudios de casos antiguos dudosos, una unidad de la Fiscalía de Baltimore encontró numerosos errores en la investigación de este hecho. La nueva revisión concluyó que otro estudiante, ahora fallecido, fue quien baleó a DeWitt Duckett, el estudiante que fue asesinado cuando caminaba por el Liceo Harlem Park, en Baltimore.

El lunes pasado, el juez Charles Peters, aceptó la solicitud de la Fiscalía de exonerar a los tres hombres.

“Me parte el corazón que estos tres hombres, ahora ven que vivimos en un mundo que puede quitarle 36 años de vida a personas inocentes”, dijo la fiscal Marilyn Mosby, quien asumió en 2015, décadas después del juicio. “Esta no es un victoria. Esta es una tragedia porque a estos hombres les robaron 36 años de vida”.

Presión. Los tres acusados, que tenían 16 años, se habían ausentado del liceo al que concurrían el 18 de noviembre de 1983 y fueron al centro de enseñanza donde ocurrió el crimen a visitar a unos amigos hasta que un guardia de seguridad los echó. Unos 30 minutos después, DeWitt forcejeó con una persona que le quiso quitar la campera y fue baleado. Falleció dos horas después.

El hecho suscitó gran atención del público y los policías estuvieron bajo enorme presión para resolver el caso, indicaron los fiscales.

La Fiscalía actual reveló que la acusación contra los tres estuvo plagada de irregularidades, incluyendo mentiras expresadas por el fiscal Jonathan Shoup, que de manera injusta inclinó el caso en su favor. Shoup falleció en 2016.

Entre las inconsistencias de la investigación, la Fiscalía actual señala la negativa de Shoup de que tenía pruebas que ponían en duda la culpabilidad de los tres. Agrega que varios testigos en aquel momento realmente identificaron a otra persona -Michael Willis, de 18 años- como el autor. Willis murió en un tiroteo en 2018.

Las nuevas pruebas en el caso fueron reveladas después de que Alfred Chestnut, quien ahora tiene 52 años, presentó una solicitud en 2018 y finalmente se le permitió el acceso al expediente del caso que había sido sellado por el juez. El expediente muestra que cuatro testigos juveniles, que dijeron en el juicio que Chestnut y los otros dos estaban involucrados, en realidad, varias veces, no pudieron identificarlos mediante fotos, antes de que comenzara el juicio.

Los testigos, que eran liceales, se han retractado, como surge de los documentos judiciales. Declararon ante los investigadores que habían sido instruidos y presionados por funcionarios policiales, que se reunieron con ellos varias veces sin la presencia de sus padres.