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Cuando veas la derecha de tu vecino arder

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Sería ingenuo pensar que Bolsonaro ganó solamente en Brasil. Ingenuo hacer énfasis en las diferencias entre las derechas brasileña y venezolana. Ingenuo creer que hay todavía tiempo de cambios y rectificaciones, de nuevas mentiras y pañitos mojados para frenar el hundimiento económico en el que estamos embarcados. Ingenuo asegurar que es simplemente la lógica del péndulo, pues no es nada lógico y si es péndulo, es el de la espada de Damocles sobre la débil y golpeada democracia latinoamericana, que transformó una ilusión de décadas en una mina abandonada a campo traviesa.

Abel Resende

Bolsonaro gana dando una cara prejuiciada, llena de vulgaridad, mientras saca la correa y se quita el zapato. Gana con un discurso agresivo, belicista, armamentista, todo en pro de la violencia. Además, abiertamente prodictatorial, homofóbico, xenófobo, machista, racista, clasista. En una palabra, gana con una sinceridad descarada, y no como nuestros políticos, con mentiras y cinismo. La derecha siempre es coherente, lo sabemos, no necesita utopías, porque tiene el horizonte ahogado entre las manos. Sin embargo, la incoherencia de quienes malhadadamente se dijeron de izquierda superó los límites de velocidad, cansó burlándose. Bolsonaro es como dice ser: un desalmado sin ética, un militar de la vieja usanza, un peligro cumplido, un político políticamente incorrecto. Son nuevos tiempos para quien pueda ver Y gana en el país más grande y poderoso de Latinoamérica, el que tiene la mayor cantidad de pobres, gays, negros, mujeres, etc., etc., menospreciados en estas elecciones.

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Como Temer y de su misma calaña, Bolsonaro hará que la corrupción, contra la que supuestamente se levanta, sea corrupción legalmente protegida. Para eso existen también Zonas Especiales. No obstante, la corrupción es el tema de la victoria. Quizás Lula, que aparentemente hubiera podido dar la pelea y tramposamente fue impugnado, no sea el corrupto con el apartamento que no logran encasquetarle. Pero hay muchas otras cosas seguramente ciertas. Lo más obvio, es que Lula fue el presidente del Brasil de Odrebrecht, esa corrupción latinoamericanizada que ha causado estragos en todos nuestros países, pero pasa bajo la mesa en Venezuela, sorprendentemente. Quizás cosa de bolichicos que no se tocan, como símbolo central de la desgracia. Odebrecth y Lula han perdido, y con ellos todos sus aliados, incluso en esta tierra en que las desgracias se venden como ilusorias. Hoy los políticos de nuestra gran América del Sur no quieren que se les vincule a nada de Venezuela. Qué vergüenza para el país del Libertador. Qué lejos estamos de tiempos heroicos.

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La corrupción es el tema. Sorprende que sea más importante que el de los derechos de los más débiles, las aspiraciones de igualdad, la democracia participativa, la emancipación. Todo corrompido en bocas desdentadas de promesas. Porque nada justifica la corrupción. Al contrario, no hay nada más descaradamente de derechas que la corrupción, y esa la hemos vivido a profundidad. Ahora Ledezma ofrece el espejo opuesto del ejemplo, vociferando entre tantos otros. Corrupción compartida. ¿De qué otra manera se entendería que le hayan torcido el cuello a la gallina de los huevos negros? ¿Cómo es que ya se tiene imperialistamente empeñado más de un 12% del territorio nacional, el más rico que teníamos como garantía de futuro? ¿Cómo es que se juega la faja del Orinoco a espaldas de los venezolanos, y se oye a gritos un silencio sepulcral? La corrupción es el tema, y las barbas de nuestro vecino se meten por las ventanas, por las puertas cerradas, por los techos, que ya ni de zinc brillan.

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“Cuando veas la derecha de tu vecino arder, pon tu izquierda en remojo”. Y oímos a gente vanagloriarse de ser de derechas “desde chiquito”, disfrazados con gomina asquerosa y flucecito de empleado bancario. ¿¡Desde cuándo…!? Nunca en Venezuela se habían vanagloriado los reaccionarios de su ideología, y más bien intentaban naturalizarla, centrificarla, hacerla pasar como progresismo. Hoy, hasta gente que sufre el atropello de la hiperinflación incontrolada defiende a los comerciantes y empresarios que los roban, porque se anticipan a la inestabilidad económica, y los más ilusos hablan de las bondades del libre mercado. Círculo vicioso del que el gobierno no sale, no se atreve ni a nombrar, quizás por ser parte de una sociedad sin límites. Neoliberalismo, le dicen a la libertad de comercio por encima de la libertad de vivir. Si hay que Temer a los Bolzonaros criollos, al menos se están quitando las pieles.

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La historia de nuestro igualitarismo nos hizo verbalmente de izquierda, y no sólo. Las guerras civiles nos igualaron a punta de escopetas desenterradas y los alzados quisieron parecerse a los que bajaban de arriba, mandar a sus hijos a los mismos colegios a ver si se casaban, a esquiar a la misma Suiza, aunque no conocieran la nieve. La corrupción permeó las clases, y de colas de paja tejieron su pasado, que aquí tan rápidamente se olvida. ¿Dónde están los 12 apóstoles de CAP, los corruptos adecos y copeyanos que comenzaron el deslave? Ahora escriben panfletos de honestidad para la desesperación ajena. Incluso, gente que se decía de avanzada, habla hoy con toda su derecha, sin darse cuenta. Así es el hartazgo y la desilusión y la desesperanza. Así es la pérdida del sentido político, cuando se nada a contracorriente entre dos abismos.

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No hay cómo salir del gobierno ni de la oposición: “…dos males no significan un bien en ningún sentido”. Y el vocabulario se amplía de violencia y represión, se parecen ambos a Bolsonaro, se hace todo cada día más antidemocrático. El igualitarismo quedó para los más iguales, y que el resto se atenga por haber sido culpable de aspirar un cambio. Ya hay genealogías del fracaso, todo horizontalizado desde 1998. Las vitrinas se llenan de cambios de chaqueta, de todos los colores. Pero ya no hay gas para fugas de cerebros responsables, se agotó el síndrome Michelena ni hay plumas de gallina para Arias Cárdenas. Claman venganza quienes han sido vengadores. Todos culpables, embadurnados del estiércol que no abona, si bien ha sido el juego asimétrico. La oposición lo hace fácil, pero cada vez es menos significativo ganar por forfait. Bolsonaro alcanzó casi 60%, ahora vendrá destruir al enemigo. Quienes contribuyeron a que todo fracasara, desde un principio, se sienten los auténticos mesías, los mejores referentes, lo líderes a la sombra. Ya cambiará el discurso y comenzarán los elogios dictatoriales. Mientras tanto, se regodea el vecino entre sus llamas, y no hay ni agua para remojo.Abel Resende Linkedin